Llegué al Spa Rural Pastrana llamada cual Ulises y sus sirenas por la promoción de alojamiento + spa por 70 euros por persona, deseosa de pasar un fin de semana huida del mundanal ruido en el que entregarme con vehemencia a los placeres del cuerpo y el espíritu en forma de masajes y chorros de agua. Pintaba bien, así que lo reservamos.
El pack es de 1 noche de alojamiento + desayuno en uno de los dos hoteles/hostales que registra el acuerdo que tiene el spa, más un circuito de unas dos horas de duración. Llamamos para reservar hora, y nos dieron el sábado a las 16:00.
La estética del lugar es bastante idílica, con una piscina-terma con sus diferentes chorros y tal muy mona, una típica sauna en la que no se ve nada, y unas instalaciones decoradas con esmero. El trato, eso sí, nos pareció un poco industrial. Lógico es que quieran sacarle el mayor provecho posible al negocio (que parece ser mucho, a juzgar por el númeor de gente que allí nos fuimos concentrando), pero uno acaba un poco teniendo una cierta sensación de pertenencia al rebaño, con el señor cabrero que le va indicando, "ahora sal del agua", "ahora te pongo esto", "ahora te sientas ahí", "ahora te levantas". Pero en fin, vayamos por partes:
Entras. Te meten al vestuario. Te indican cuál es tu albornoz y tus zapatillas, te quedas en bikini, te duchas, pasas a la zona de terma-piscina.
Chorros diversos en la termapiscina durante unos 30 minutos. Dan gustito, sí, eso no puede negarse. Me gustó mucho esta parte.
Sales de la termapiscina. Te quedas de pie, te pringan un preparado de karité con higos y te metes a la sauna (a la que ellos llaman hammam, pero eso es una sauna finlandesa estándar) y te dicen que te quedes un máximo de 15 minutos. Nota al pie: hemos observado que si eres tía, te unta de karité un tío, y si eres tío, te unta una tía. A mí van a decirme ustedes que soy un poco rara pero juraría que el tío no sabía donde mirar mientras me pringaba los muslos. Sobre todo porque El que me acompaña bajito no es y estaba a mi vera, así que debe de ser raro estar ahí sobándole a la mariana.
Sales de la sauna. Te pasan a una sala en la que te indican que te eches en una tumbona el tiempo justo de darte el "menú" de masajes y preguntarte al poquito cuál quiéres (que no viene incluido en el pack, claro está). Nosotros ya teníamos pensado darnos uno, pero de no ser así, se nos ocurrió que debía de ser una situación un tanto violenta y/o incómoda en el summum de la relajación esa en la que se supone que ya te ves envuelto.
Sala de masaje. Ídem: a mí me lo dio un chaval, a El que me acompaña, una señora. El masaje, muy bien, a mí me gustó mucho (en concreto nos dimos uno llamado "corporal con aceites", a secas, sin mascarillas de nuez moscada del Canadá ni semejantes. Eso sí: el chaval no se cortó lo más mínimo. Hubo un momento en que pensé que si le ponían un neón rosa a la entrada que dijera Club, igual no desentonaba tanto. A mí me pareció muy bien, pero ojo a los eventuales consumidores de recta moral. Ahí lo dejo.
Tras el masaje, te pasan a la "sala de ralajación con aromaterapia", a saber: te echan en pareja en una especie de diván, en una sala con tres divanes (ergo tres parejas) que parecen los fumaderos de opio que salían en Indochina, te ponen unas gotitas de ungüento aromaterapéutico en la palma de la mano, y la maestra de ceremonias te explica cómo relajar el cuerpo y el karma y la armonía de la pareja y todas estas cosas de jipis y budistas. Aquí, yo no sé si es que se olvidaron de nosotros, o si realmente está pensado que uno se tire tanto rato en el diván. Me da que ocurrió un poco lo primero. El que me acompaña se asomó peligrosamente al abismo del ronquido inminente, y yo ya empecé a pensar que se me estaban alterando el yin y el yan de dejarlos tumbados tanto rato.

Luego, sin embargo, les entraron las prisas y casi se le escapa a la maestra de ceremonias un "¿podemos ir saliendo?" de muy mala manera que hubiera arruinado totalmente la armonía multihemisférica conmigo misma. Así que sólo lo dejó traslucir, y salimos con viento fresco.
Total: vuelta al vestuario, ducha con un gel de chocolate de entre los que tenían para elegir que me encantó y ahora no hago más que buscarlo por todo comercio susceptible de poseerlo y no lo encuentro ni a sol ni a sombra, vuelta a vestirse, y a la puta calle. Precio del masaje por persona (amén del circuito del pack mentado arriba): 40 euros. Tiempo del masaje: 45 minutos. No, no es barato, considerando que Pastrana es un pueblomielda y que hay excelentes sitios en Madrid donde recibir un masaje cojonudo por precio muy parecido o inlcuso inferior. Tampoco es que sea caro, a ver: digamos que está en la media de los masajes de la capital. Por su parte, parece ser que el circuito, cogiendolo suelto, se cotiza a 40 euros.
Y en fin: esta ha sido mi aventura en el Spa Rural Pastrana.
Nivel de recomendación: 3
Relación calidad-precio: regular. El sitio está muy mono, pero me da la impresión de tener los precios un poco hinchados con el rollo rural.





